DOMINGO 9 DE ENERO: EL BAUTISMO DEL SEÑOR (CICLO B)

El Baustimo de Jesús, como el nuestro, es solo una estación, ni siquiera es el verdadero origen de nuestro itinerario cristiano, pues antes vienen otras paradas que empiezan incluso antes de nacer, cuando las familias deciden como educar a los hijos. Pero es una nudo de comunicaciones muy importante, por ahí pasa la línea circular de la relación de Dios con la persona, también la de la pertenencia a la Iglesia como miembros de pleno derecho en ingualdad de dignidad a todos los cristianos, y está el recorrido de los siete sacramentos, y la línea de la misión de los cristianos en el mundo... como se ve, una tupida red de direcciones, todas complementarias e intercomunicadas.

LECTURAS

  •  Isaías (42,1-4.6-7)
  • Sal 28,1a.2.3ac-4.3b.9b-10
  • Hechos de los Apóstoles (10,34-38)
  • Marcos (1,7-11)

El bautismo de Jesús en el Jordán no fue el bautismo cristiano, pero lo anticipó. Todavía quedaban muchos pasos por dar en este viaje de ida y vuelta a Galilea, pasando por Jerusalén. Entre el bautismo con agua y el bautismo en el Espíritu, Jesús tendrá que afrontar decepciones y llevar más de una cruz hasta la del calvario, que es donde prenderá, resurrección mediante, un bautismo no solo de conversión, sino de pleno renacimiento. Contemplar la escena del bautismo de Jesús y la figura precursora del Bautismo, nos debería ayudar a comprender toda nuestra vida cristiana como el desarrollo paulatino de esas posibilidades para una nueva humanidad que nos ofrece bautizarnos en Cristo. No nos bautizamos ya en el Jordán, sino en la Pascua salvadora que da pleno cumplimiento a lo que otros profetas anunciaron, Juan señaló y Jesús llevó al buen término, que es justo donde nosotros hemos de comenzar.

Solo el Padre puede decirnos quién es el Hijo, sólo el Padre puede confirmarle a Jesús que él es el Hijo. Del mismo modo que conociendo la verdadera identidad de Jesús, el Bautista encuentra su propia identidad ("yo no soy el mesías, ni Elías, ni el profeta") cada uno de nosotros encontramos en Jesús las pistas para descubrirnos e identificar nuestra misión. Y esa claridad con la que el Hijo nos devuelve nuestro verdadero rostro, el nombre más profundo y el sentido de nuestras horas, le viene de su conciencia de proximidad y complicidad con el Padre. Los seguidores de Cristo nos bautizamos con Él en la íntima confianza que da ser hijos, ser amados del Padre.

LECTIO DIVINA DE SAN ROQUE DE HELLÍN: PUEBLO DE DIOS EN SALIDA


HOJA DOMINICAL DIOCESANA

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