DOMINGO 3 DE ENERO: II DE NAVIDAD

Este es el campo de refugiados organizado por el gobierno griego tras el incendio del campamento de Moria, en la isla de Lesbos. Dentro de lo que cabe, una imagen limpia y ordenada, pero la vida de los refugiados y otros inmigrantes no deja de ser le cara oculta de un mundo que se quiere desarrollado, amante de la libertad, democrático y progresista... La palabra que acampó entre nosotros debe tener también una tienda entre las que habitan familias desahuciadas por la pobreza y las guerras. La palabra que se hizo carne no fue recibida por los suyos. La palabra que es luz en medio de las tinieblas, nos reclama una atención y disponibilidad para la acogida, la hospitalidad y la solidaridad. Si no, allí se quedará entre las tiendas de campaña de los que no tienen nada.

LECTURAS

  •  Eclesiástico (24,1-2.8-12)
  • Sal 147,12-13.14-15.19-20
  • Efesios (1,3-6.15-18)
  • Juan (1,1-18)

Ya hemos tenido ocasión de leer el prólogo de San Juan el día de Navidad y el jueves de la Octava de Navidad. Y de nuevo, en este segundo domingo de Navidad, con insistencia que busca la perseverancia de la contemplación, la liturgia vuelve a proponer el decisivo texto que abre el cuarto Evangelio: Dios es palabra, la palabra de Dios es creadora, la palabra que estaba con Dios se ha incardinado entre nosotros, se ha hecho humanidad y ha acampado en la historia. Junto a la confesión ferviente de la divinidad de la Palabra que es Cristo, sin menoscabo ni contradicción para su origen divino, se afirma la encarnación, la inmersión de Dios en nuestra realidad histórica y antropológica. 

Esta irrupción y convivencia del Verbo divino con nosotros se abre en múltiples direcciones: espirituales ("les de da el poder de hacerse hijos de Dios"); solidarias ("y acampó entre nosotros"); eclesiales ("para dar testimonio de la luz")... Y en todas las direcciones que avancemos siguiendo la estela encarnacional de la Palabra que estaba con Dios y que nos ofrece la única visibilidad del invisible, podremos experimentar que más allá de las normas, de la ley que se dio por Moisés, está la incesante donación de gracia por parte de Cristo, para que podamos reconocerle, seguirle y encarnar también nuestra fe en esta realidad tan herida por el egoísmo, la injusticia, la fragilidades múltiples, las múltiples soledades. 

Si Dios ha realizado este movimiento de proximidad a nuestras vidas y sus críticas circunstancias; si de lo divino ha viajado a lo humano para iluminarlo desde dentro; si de la inaccesibilidad invisible ha virado hacia su presencia en medio de nosotros, en el rostros del hermano... ¿no vamos a ser capaces de levantarnos para abrir la puerta al que llama por su necesidad y menesterosidad?, ¿nos va a ser imposible unirnos en las cosas esenciales como la salud, la justicia y la solidaridad?, ¿seguiremos sin dar el paso evolutivo que nos capacita como hijos de Dios para construir la fraternidad? Sí, merece la pena, aunque sea reitararivo, leer, medita, contemplar y sacar conclusiones de esta gesta por parte de Dios que nos muestra, reverente y solemne, el inicio del evangelio de Juan.

LECTIO DIVINA DE SAN ROQUE DE HELLÍN: VIDA NUEVA PARA EL NUEVO AÑO


HOJA DOMINICAL DIOCESANA

No hay comentarios:

Publicar un comentario